Primer triunfo del peronismo

El 24 de febrero de 1946 marcó un antes y un después en la historia política de la Argentina. Aquel día, Juan Domingo Perón, acompañado por Hortensio Quijano como candidato a vicepresidente bajo la fórmula del Partido Laborista, obtuvo una victoria histórica al imponerse con el 52,84% de los votos sobre la Unión Democrática, que había logrado reunir a diversos sectores opositores en torno a la figura de José P. Tamborini y Enrique Mosca, quienes alcanzaron el 42,87%.
Con el apoyo descarado del embajador de Estados Unidos Spruille Braden al que Perón le dijo la famosa frase
Vea señor Embajador: a mí no me interesa ser muy bien considerado en su país al costo de ser un hijo de puta en el mío”
Idea que hoy se extraña mucho ante un gobierno servil, felpudo del gobierno norteamericano el cual intervino más descaradamente que Braden en las últimas elecciones.
El triunfo de un líder como Peron fue el surgimiento de un movimiento político profundamente arraigado en las clases trabajadoras y en aquellos sectores históricamente marginados. Fue la consagración de un proyecto político novedoso que buscaba transformar el país mediante la justicia social, la soberanía económica y la independencia política.
La campaña electoral liderada por Perón fue un verdadero desafío. Frente a él se alinearon poderosas fuerzas concentradas en la Unión Democrática, respaldada por sectores oligárquicos, conservadores, medios de comunicación hegemónicos y hasta apoyos internacionales. Sin embargo, Perón, con su capacidad para conectar directamente con el pueblo, logró construir una movilización masiva sin precedentes. Su mensaje resonó en los obreros, empleados, campesinos y pequeños comerciantes, quienes vieron en él la posibilidad de un cambio significativo para sus vidas.
El 24 de febrero de 1946 no fue simplemente una elección más; fue la confirmación del “fenómeno Perón”, que ya había comenzado a gestarse meses antes, especialmente durante el histórico 17 de octubre de 1945, cuando miles de personas salieron a las calles para exigir su libertad tras ser detenido por la cúpula militar. Ese día quedó plasmada la lealtad inquebrantable del pueblo hacia Perón, quien desde su posición como Secretario de Trabajo y Previsión había impulsado medidas revolucionarias en favor de los derechos laborales: aumento de salarios, estabilidad laboral, aguinaldo, vacaciones pagas, entre otras conquistas sociales.
Al ganar las elecciones, Perón no solo asumió la presidencia de la Nación, sino que inició un proceso de transformación profunda que redefiniría la estructura política, social y cultural de la Argentina. El peronismo emergió como un movimiento inclusivo que puso al trabajador en el centro de la escena política, promoviendo una redistribución equitativa de la riqueza y defendiendo la industrialización nacional como motor del desarrollo.
Por eso, cada 24 de febrero recordamos con orgullo este hito fundamental. No fue solamente una victoria electoral; fue la coronación de un líder que supo interpretar los anhelos de un pueblo y convocarlo a construir un futuro distinto, basado en la dignidad, la igualdad y la justicia. Este día celebramos la grandeza del peronismo y el legado indeleble de Juan Domingo Perón, quien cambió para siempre la historia de nuestra patria.
